Bisq.network es un exchange privado, seguro, y descentralizado; diseñado para hacer transacciones entre usuarios individuales de forma anónima y sin la intervención de un tercero; pensado para evitar la censura, confiscación, vigilancia, y control sobre las interacciones financieras de los usuarios.

En el ecosistema de las criptomonedas actualmente hay una suerte de cuello de botella que obstaculiza la liquidez necesaria para una adopción masiva de esta tecnología: los exchanges centralizados.

A pesar del rápido desarrollo de esta nueva economía, seguimos dependiendo de casas de cambio centralizadas para poder convertir Bitcoins y altcoins a nuestras monedas locales. Esto es un punto de vulnerabilidad por varias razones, como por ejemplo la censura. Como pudimos apreciar en este 2017, en China, los gobiernos pueden simplemente atacar los exchanges bloqueando por vías “legales” el acceso a la población. Otra razón importante es la falta de privacidad, y para mucha gente esto aun no queda muy claro.

El sistema bancario tradicional conoce las ventajas de la privacidad y opera de forma anónima a diario; sin embargo, dicha privacidad está reservada a quienes manejan las instituciones financieras; está reservada a los accionistas de multinacionales, y a quienes controlan el sistema monetario. En general, la privacidad está reservada para la élite social.

En contraparte, toda la clase media, la clase trabajadora, el grueso de la población que paga más impuestos y mantiene la economía global con su fuerza de trabajo: el usuario común está obligado a transparentar toda su información.

El problema de la falta de privacidad no se reduce a una mera actitud de dignidad, ya que la ausencia absoluta de privacidad en que vivimos representa uno de los más grandes peligros. Los gobiernos e instituciones financieras comulgan con el paradigma del totalitarismo informático, donde el objetivo es controlar hasta el último dato de la sociedad civil, con el pretexto de una supuesta protección a los peligros que ellos mismos están creando, y que en realidad dicha protección se reduce a una promesa política que nadie puede garantizar.

El resultado es la imposibilidad de una verdadera rendición de cuentas de la clase gobernante, la imposibilidad de una auténtica disidencia política, y la imposibilidad de ejercer la libertad de expresión. Ante un régimen de vigilancia masiva ninguna de las libertades individuales puede existir.

Por otro lado, incluso en el supuesto utópico de vivir bajo una clase gobernante benevolente y protectora, la práctica generalizada de acumulación de datos, genera un riesgo para los individuos en cuanto a que expone la información sensible (datos bancarios, historial médico, localización, etc.) a actores maliciosos desde dentro o fuera de dichas instituciones. Hackers malignos, empleados sensibles al soborno, o cualquier funcionario propenso a extorsión representan una vulnerabilidad.

La solución a la privacidad es frenar la práctica desmedida de acumulación de datos personales por parte de las instituciones centrales. La solución es crear software que por diseño imposibilite la vigilancia masiva y proteja la privacidad de los usuarios.

Bisq.network es un software libre, se puede descargar desde cualquier parte del mundo, su código es abierto y cualquiera puede proponer cambios. Se conecta a través de la red Tor para proteger la privacidad del usuario, y todos sus datos permanecen encriptados en el dispositivo personal.

La descentralización de Bisq no se limita a la red de usuarios, pues sus desarrolladores entienden que para generar una plataforma resistente a la censura es necesario eliminar todos los puntos vulnerables. Por lo tanto Bisq incorpora un innovador modelo de financiación descentralizado a través de un sistema de incentivos basados en el token BSQ.

Una red de colaboradores anónimos de todo el mundo vota y aprueba mensualmente actualizaciones y desarrollo de infraestructuras para el proyecto.

Tanto la libertad económica como la libertad de expresión son inevitables en la sociedad tecnológica globalizada, pero la vigilancia masiva es el vestigio arcaico de una ideología totalitaria de control y opresión que obstaculiza dichas libertades. Por eso debemos destruir esa capacidad de censura para poder avanzar hacia una sociedad madura.

Este artículo fue redactado por Gustavo García Grillasca del proyecto Artolin.org como autor invitado por El Criptógrafo.